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Agregue a la
amabilidad fraternal, caridad, o el amor
divino. El plan de Dios nunca ha cambiado. Él traerá
al
hombre de nuevo al lugar en donde el amor de Dios
fluirá
por el sin restricciones. Esto sobrepasará la
experiencia de
Adán cuando él salió de la mano de Dios. Esto fue lo
que
Jesús rogó en su última oración por sus discípulos
antes de
que él fuera a Getsemaní, “...para que el amor con
que me
has amado, esté en ellos, y yo en ellos.” Juan
17:26.
Imagínate, si puedes, el amor divino fluyendo a
través de
canales humanos.
El propósito de la santificación es producir
sistemáticamente este amor en el hombre. No se logra
intentando ser cariñoso sino muriendo al yo y a los
factores
de estorbo que impiden, o previenen, que Dios haga
su
trabajo en nuestras vidas.
Por toda la subida de esta escalera el proceso ha
sido
igual. El último escalón es saborear el poder más
grande en
el cielo o sobre la tierra—el amor divino. El factor
de
estorbo es la falsificación de Satanás del amor de
Dios—la
emoción del ser humano. Habrá emoción humana en
respuesta al amor divino pero es una respuesta, no
el amor
en sí mismo.
“La iglesia es el medio señalado por Dios para
la salvación de los hombres. Fue organizada para
servir, y su misión es la de anunciar el Evangelio
al
mundo.La iglesia es la depositaria de las riquezas
110 / Su Manto O El Mío
de la gracia de Cristo; y mediante la iglesia se
manifestará con el tiempo, aún a “los principados y
potestades en los cielos” (Efe. 3: 10), el
despliegue
final y pleno del amor de Dios.” 1
Si esto ha de suceder en estos días finales de la
historia
de la tierra, más vale saber qué es este amor y cómo
puede
ser revelado a través de los seres humanos.
El amor divino es un principio que gobierna el cielo
y el
universo entero, con la excepción de esta tierra. Es
un
principio de acción, un principio de vida. El amor
divino es
como una calle de dos vías: fluye de Dios en ambas
direcciones de modo que estemos sin excusa—primero,
en
su voluntad de tomarse el tiempo para ocuparse
pacientemente del ángel rebelde Lucifer, en vez de
aplicar
la justicia cuando era merecida. Esta amabilidad era
sobre
todo permitir a sus seres creados entender lo que el
amor
divino realmente es—para darles una oportunidad de
utilizar
su voluntad (el poder de la opción) inteligentemente.
En la
decisión final cerca de un tercio de los ángeles del
cielo se
decidiría contra Dios.
La agonía mental de Dios en sostener tal pérdida, y
la
confusión subsiguiente en las mentes de los ángeles
leales
y de los seres en otros planetas, causó que Él
ejecutara su
plan maravilloso de redención. El amor de Dios se
revela
más completamente cuando entendemos que “Dios y
Cristo
sabían de la apostasía de Satanás desde el principio,
y de la
caída del hombre por el poder engañoso del apóstata.”
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Mientras que Dios no planeó estas emergencias, él
las previó
y después ideó un plan para utilizarlas para
implantar su
amor por siempre en los corazones de sus seres
creados.
Tan exhaustivo es su plan de redención que él
realmente
lo construyó alrededor de la encarnación. Jesucristo,
el
Hijo de Dios, se hizo hombre de modo que la familia
humana y toda la creación de Dios tuvieran un patrón
perfecto
para dirigirlos por siempre a medida que este amor
Amor Ilimitado / 111
divino fluiría de nuevo a Dios. Ésta es la segunda
gran
demostración de su amor.
Mientras que este plan proporciona una base jurídica
para
la salvación del hombre, también proporciona el
ejemplo a
seguir para cada cristiano, que permite que el amor
de Dios
fluya a través de ellos. Jesús dijo, “Porque he
descendido
del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la
voluntad del
que me envió.” Juan 6:38. Pablo dijo, “Con Cristo
estoy
juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive
Cristo
en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en
la fe del
Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí
mismo por
mí.” Gálatas 2:20. “…los que son de Cristo, han
crucificado
la carne con los afectos y concupiscencias.” Gálatas
5:24.
No hay otro plan que permita que el amor sin
barreras de
Dios fluya a través de los seres humanos. En orden
de que
el recipiente humano sea un canal libre, el yo debe
ser
crucificado. Cualquier residuo del yo, dejado
voluntariamente, estropeará la imagen y evitará que
la iglesia dé al universo “la exhibición final y
completa
del amor de Dios.”
La santificación habrá logrado su obra en nuestras
vidas
cuando honestamente podamos decir en cada
experiencia
en la vida, “no mi voluntad pero la tuya.” Esto es,
de hecho,
amor ilimitado.
Notas:
1 Hechos de los Apóstoles p. 9 (itálica provista).
2 Patriarcas y Profetas p. 22. |